Origen y evolución del Universo

AstrosLos Astros con todos sus diámetros

No tome el lector al pie de la letra el título de este artículo. Es un título convencional que no significa más que una tentativa de explicación de la formación de los astros y de su evolución en el tiempo. Estas tentativas forman un capítulo de la Astronomía que, suele ser designado con el nombre de Cosmogonía, y también con el de Cosmología.

Se ha dicho anteriormente que el sistema del Gran Universo posee dimensiones del orden de muchos miles de millones de años- luz. Pero cabe preguntar si estos Universos Islas terminan en alguna región del espacio o si se desarrollan hasta el infinito. Cuestión es esta que pertenece más a la Filosofía que a la Astronomía y a la cual es imposible responder ahora y quizás nunca. A medida que la Ciencia en sus conquistas, podrá alejar cada vez más el misterio de los orígenes, como el misterio del fin del mundo, pero jamás logrará ni siquiera una solución aproximada.

Pero cualquiera que sea la realidad, ante el descubrimiento de esos horizontes de inconcebible grandeza, nuestro espirito se siente asombrado y confuso. Quien recuerde los míseros conceptos de los antiguos referentes a los astros y los compare con los conceptos modernos, no extrañará la evolución inmensa que ha debido experimentar la mentalidad humana en todos los órdenes durante pocos siglos. Y este panorama grandioso que se ofrece a nuestras perspectivas aumenta en valor atendiendo a la finalidad excelsa del Gran Universo: es decir la vida y el pensamiento.

¿Somos nosotros la única vida inteligente en el Universo?
Sería, evidentemente, el mayor de los absurdos suponer que esa inmensidad de mundos están completamente desprovistos de vida y de seres conscientes. Una creación maravillosa que no cabe en nuestras mentalidades y en que el azar no desempeña ningún papel, aunque muchos hechos parezcan regidos por él, no hubiera cometido el trabajo estéril de crear esa infinidad de mundos, para que ninguna consciencia tuviera noticia de su existencia; y aún más absurdo sería suponer que esas inmensidades no contuvieran más que un sólo mundo habitado, precisamente el nuestro.

Alguien ha dicho que los astros fueron creados sólo para el goce de los hombres. Trabajo enorme hubiera sido éste para lograr tan poco rendimiento ya que bien pocos son los que sienten el afán de elevarse a la inteligente contemplación de los Cielos. No es de suponer tampoco que quien creó esos astros para el solaz de los hombres los colocara a tanta distancia de nosotros que para observarlos se requiriesen grandes instrumentos que sólo están al alcance de un reducido número de astrónomos.

Pero, aparte de todo esto, por el sólo postulado de que las mismas causas producen los mismos efectos, podemos deducir que el número de mundos habitados es enorme, tal vez indefinidamente grande. Basta fijarse en que, dada la semejanza que existe entre las estrellas y nuestro Sol, serán muchas aquellas a cuyo alrededor girarán astros secundarios o planetas. Ahora bien, entre este sinnúmero de astros opacos existirá un tanto por ciento más o menos elevado de planetas cuya gravedad, cuya radiación luminosa o calorífica y demás condiciones biológicas sean parecidas a las de la Tierra. Si a esto añadimos la unidad de constitución del Universo, bien podemos decir que estos mundos estarán habitados en forma parecida a la Tierra, Y nada nos autoriza a afirmar que la vida en todos los ámbitos del Universo deba ser precisamente la misma que en la Tierra. Las leyes naturales son suficientes seguramente para desarrollar la vida en condiciones muy diferentes de las de nuestro planeta.

Por lo demás, aunque de cada cien planetas solamente uno pueda estar habitado, no por ello los mundos habitados dejarían de ser un número incalculable, tal vez infinito, dadas las dimensiones ilimitadas del Universo. Ciertamente sería vanidoso imaginar que nosotros somos la única vida inteligente en el Universo.

Es evidente que la organización del Cosmos, en su más amplio concepto, lleva por finalidad la vida consciente, pues sin esta percepción consciente “es lo mismo que si el Universo no existiera”. Reconozcamos que por encima de esta formidable realidad material y dinámica existe una Fuerza Directriz. Dios, que por la actuación de leyes inflexibles e infinitamente sabias impulsa a todo el Universo hacia estados de vida y pensamiento superiores y cuyos destinos no nos son dables imaginar.

DiosDios en el momento de la Creación

Estas trascendentales consideraciones, inspiradas por la Astronomía moderna, llevan consigo otras interrogaciones sobre el origen y la evolución futura de los mundos, que nuestro intelecto es totalmente incapaz de concebir, vastos problemas que no han arredrado al hombre y que serán objeto de nuevos artículos.

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